Para quien la recorre por primera vez, la Zona Colonial de Carora se presenta como una joya congelada en el tiempo. Sus calles adoquinadas y sus imponentes fachadas de la época hispánica suelen fascinar a los visitantes. Sin embargo, para quienes habitan allí, la realidad dista mucho de esa primera impresión, porque la poligonal histórica de la capital torrense enfrenta desde hace años un deterioro progresivo que atenta contra su patrimonio y la calidad de vida de sus habitantes. Detrás de la postal turística se esconden calles deterioradas y aceras destrozadas.
Una muestra gráfica del peligro inminente es la esquina de la calle Bolívar con calle Falcón, vía a la Otra Banda, donde una acera de terracota se interrumpe abruptamente por una alcantarilla sin tapa. Este agujero negro, que expone cables y escombros obliga a los peatones a bajarse a la calzada de adoquines irregulares, donde circulan motocicletas a toda velocidad, incrementando el riesgo de accidentes. En la misma acera, un poste de luz oxidado y maleza descontrolada completan la estampa del abandono vial.
El sombrío panorama continúa con solares abandonados a su suerte y casonas centenarias cuyas estructuras debilitadas representan una amenaza constante. La evidencia fotográfica es arrolladora al mostrar fachadas que alguna vez fueron blancas y ahora exhiben la desnudez de sus muros de adobe y piedra. La vegetación invasiva con cactus creciendo entre escombros, confirma que la naturaleza está reclamando lo que la gestión humana olvidó hace bastante tiempo.
LA PLAZA BOLÍVAR CONVERTIDA EN POTRERO
La Plaza Bolívar presenta una imagen desoladora con chivos pastando en su interior, mientrasel entorno no es mejor. Los caminos pavimentados están deteriorados presentando desniveles y en su interior, árboles grandes pero secos y desprovistos de follaje avisan que pronto se vendrán abajo.
A esta situación se suma la preocupación por la seguridad ciudadana y la atención social. Los habitantes de la zona reportan la presencia constante de un ciudadano en situación de vulnerabilidad mental. Este orate pernocta en las inmediaciones de la plaza y, en momentos de alteración, genera situaciones de tensión entre vecinos y transeúntes.

FOCO GIGANTE DE CONTAMINANCIÓN
Además de la crisis urbana, la comunidad enfrenta una emergencia ambiental severa. La laguna de oxidación cercana, lejos de ser una infraestructura de saneamiento, es captada por la cámara como un foco gigante de contaminación. Una espesa capa de vegetación flotante cubre la superficie del agua estancada, entremezclada con ramas y basura. Esta masa putrefacta despide fuertes olores que impregnan el aire del sector colonial, impidiendo el desarrollo normal de la vida diaria y la plácida convivencia.
EL COLAPSO DE UN MONUMENTO NACIONAL
El caso más lamentable de esta parálisis patrimonial es la Capilla San Dionisio, una edificación cuyos orígenes se remontan a casi tres siglos atrás y que hoy agoniza en el olvido. Sus inicios se registran como una modesta ermita colonial destinada al culto de los primeros pobladores, edificada en la década de 1730. El diseño de su estructura es atribuido al maestro Juan José Balbuena, consolidando su arquitectura característica y durante más de medio siglo (entre 1905 – 1956), cumplió una función religiosa al operar como la segunda parroquia de Carora.
En 1950 a este lugar le hicieron importantes trabajos de reparación y en 1953 se le incorporaron vistosos vitrales que enriquecieron su valor artístico interior. Su trascendencia histórica fue reconocida formalmente por el Estado venezolano al declararla Monumento Histórico Nacional en 1960 y posteriormente Sitio de Interés Cultural de Venezuela en el año 2005.
Pese a los decretos de protección legal que la amparan, la Capilla San Dionisio dista hoy de ser el centro espiritual y turístico que fue en el siglo XX. Las imágenes revelan una estructura que es una auténtica ruina. La fachada principal, aunque aún en pie, muestra la pintura descascarada, revelando los ladrillos erosionados debajo. La torre del campanario se alza sin campana, con la mampostería visiblemente desgastada.
El interior de la capilla, visto desde el exterior, confirma el colapso total del techo. No quedan rastros de los vitrales de 1953; en su lugar, las ventanas han sido tapiadas con bloques, mutilando la estética original y evidenciando que la única "conservación" aplicada ha sido el cerramiento por seguridad. El estado de abandono estructural pone en riesgo inminente su permanencia física, con grietas profundas y vegetación creciendo en la base de los muros erosionados.
La comunidad de Carora observa con profunda preocupación cómo el pasar de los años desgasta tanto el entorno ambiental como la memoria arquitectónica de uno de los cascos históricos más relevantes del occidente venezolano, sin que las autoridades competentes ejecuten un plan de rescate efectivo.

UN RESCATE DESDE LA COMUNIDAD Y LA FE EN EL FUTURO
Pero hay una propuesta académica que busca convertir la ancestral vocación musical y artesanal de Carora en una oportunidad de desarrollo global, permitiendo que la preservación de la luthería se transforme en un eje de atracción turística y dinamización económica para la zona de valor histórico caroreño. No es una idea aislada, sino del pilar central de un plan integral impulsado por la propia comunidad organizada para rescatar su patrimonio.
Sobre el alcance de una universidad online, la urgente necesidad de intervención en las casonas y el estado actual de la poligonal histórica, nos habla en el siguiente video el Lic. Cécil Álvarez, quien profundiza en las propuestas y el clamor de los vecinos por salvar la memoria arquitectónica torrense.
Redacción: El Informante.-
Fotos y videos: Franklin Piña y Edson Meléndez







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