Por Franklin Piña.-
MIENTRAS LOS MEDIAS ROJAS de Boston edificaban una memorable remontada de quince victorias al hilo para meterse en la pelea por el comodín de la LA, Ranger Suárez contemplaba el reaccionar de sus compañeros desde la cueva. Aquel traspié muscular en la ingle izquierda sufrido el pasado 6 de julio ante los Angelinos, quedó superado este domingo en Fenway Park. Con la sobriedad que caracteriza al larense, el siniestro reapareció en el montículo para colgar cuatro argollas frente a la toletería de los Azulejos de Toronto, guiando el camino en el triunfo patirrojo seis carreras por una ante una concurrencia de casi 40 mil almas.
Apenas pisó el morro, Suárez recetó a sus dos primeros rivales el jarabe del ponche. En la segunda entrada apagó un intento de rebelión contraria al concretar una jugada de doble matanza para congelar el ataque. Ni siquiera el doblete de Andrés Giménez en el tercer tramo amilanó el temple del caroreño y sus adyacencias, quien echó mano de su repertorio para abanicar a seis bateadores sin regalar pasaportes, empleando 64 envíos —42 en la zona del cuadrito— para dejar su efectividad en 3.02 a lo largo de 18 aperturas este año.
Los relevistas completaron la faena, pero la gran noticia en la casa de la pared verde es el retorno de un iniciador de jerarquía. Boston luce con registro de 54-50 y, con la serpentina del venezolano en plenitud de facultades, la aspiración de octubre cobra una fuerza incuestionable.
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LO QUE DURANTE CUATRO décadas pareció un registro inalcanzable los 317 estacazos del inmortal George Brett, sucumbió en el escenario menos pensado: el Comerica Park de Detroit. Allí donde el 29 de agosto de 2011 conectó el primer bambinazo, Salvador Pérez despachó el cuadrangular número 318 de su carrera para colocarse como el máximo jonronero de todos los tiempos de los Reales de Kansas City.
El valenciano se convirtió en el primer tolete nacido en nuestra tierra que comanda el renglón histórico de cuadrangulares en organización alguna en MLB, un hito alcanzado además en 15 campañas, seis menos que las 21 que necesitó la leyenda Brett. Semejante gesta obliga a contemplar el futuro con la lucidez del tiempo. Al repasar los nombres de ilustres de la careta como Johnny Bench, Iván Rodríguez, Mike Piazza o Carlton Fisk —todos en las vitrinas de Cooperstown—, el nombre del capitán venezolano encaja de manera natural en el debate. Con cinco Bates de Plata, cinco Guantes de Oro, un anillo de Serie Mundial y la valía indeleble de ser el jugador franquicia del siglo para Kansas City, "Salvy" solo aguarda por seguir sumando inatrapables rumbo a los dos mil, para terminar de sellar un boleto que, por méritos, ya tiene reservado en la eternidad del béisbol.
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REPORTES DESDE LAS GRANDES Ligas adelantados por el periodista Buster Olney, apuntan a que la larga espera de los seguidores de los Bravos de Atlanta llega a su fin hoy lunes, con la esperada activación de Ronald Acuña para el inicio de la serie frente a los Mets de Nueva York en Citi Field.
Aunque las oficinas del conjunto se han mantenido en prudente silencio, la necesidad de reincorporar al estelar patrullero en la alineación titular resulta innegable, aun cuando la escuadra que dirige Walt Weiss marcha con pulso firme en el liderato de la división Este de la LN, custodiando una ventaja de cinco juegos y medio sobre los Filis de Filadelfia.
Acuña, de 28 años, parece haber completado a satisfacción su ruta de recuperación tras someterse a una asignación de rehabilitación en Triple-A, donde exhibió su ancestral buen contacto a velocidades de 95 millas en nueve de sus batazos.
Ha sido, sin duda, una campaña de constante prueba y paciencia para el MVP de la 2023. Con la salud recobrada y el madero afinado, el retorno de su chispa promete devolverle todo el dinamismo y la contundencia a la ofensiva de Atlanta.
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EL MERCADO DE CAMBIOS entra en su punto de máxima ebullición y la representación criolla está en el centro del huracán. Mientras Antonio Senzatela revaloriza su brazo desde el relevo de los Rockies con una recta que vuelve a rozar las 97 millas, lo de Luis Arráez en San Francisco sobrepasa el simple rumor para convertirse en una auténtica pieza de subasta.
El despliegue del yaracuyano impresiona por estar muy encima de los .300 y por su evolución defensiva en la intermedia que hoy lo consagra como un camarero de elite. Que los Yankees de Nueva York sondeen su nombre resulta un movimiento lógico en el papel para contrarrestar los ponches y urgencias de su alineación; sin embargo, los del Bronx no caminan solos por esta joyita: divisas como los Rangers de Texas, los Guardias de Cleveland, los Filis de Filadelfia; e incluso, un posible retorno a los Padres de San Diego, mantienen los teléfonos encendidos con la gerencia de los Gigantes. Con la fecha límite respirando en el cuello, Arráez es el caramelo más codiciado para cualquier alineación con aspiraciones reales de octubre.
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PARA CERRAR ESTE RECORRIDO por las particularidades que hacen del béisbol un arte de constantes desquites, vale la pena contarles sobre un impecable trabajo documentado que hemos leído en el portal Swing Completo, donde se desglosa la lista de los diez toleteros que mejor supieron descifrar la serpentina latina en las Grandes Ligas. Son cifras que asombran y retratan la maestría con el madero: desde aquel solitario inmortal de Cooperstown que logró conectarle más de dos estacazos al panameño Mariano Rivera, hasta los duelos de alta finura táctica frente a Pedro Martínez.
Pero en ese inventario de dominio ofensivo resalta con luz propia un capítulo de estirpe venezolana. Hablar del choque entre Magglio Ordóñez y Johan Santana, era presenciar un auténtico duelo de titanes en el Nuevo Circuito. Y es que el jardinero falconiano se convirtió en la mayor pesadilla del dos veces ganador del Cy Young. En 46 apariciones en el plato frente al tovareño, Magglio le sacudió para un astronómico promedio de .391, producto de 18 inatrapables que incluyeron cinco dobles, un triple y cinco jonrones, además de remolcar 17 y sacar siete pasaportes, decorando su cosecha con un temible OPS de 1.324 pese a encajar 10 ponches. Números que demuestran que, aun ante la excelencia de un lanzador de época, el talento con el madero cuando está en estado de gracia no conoce fronteras ni coterranías.
Nos vemos en el camino.

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