Franklin Piña,.
Fue testigo y arquitecto del movimiento fundando agrupaciones capitales como Onda Cero y Bazofia. Se convirtió en la médula de una legión que aprendió a pulsar el ritmo y a entender la rebeldía bajo su tutela. La vida de William fue una declaración de principios siendo un tipo fiel a su propio estilo.
Así como dominaba los acordes, dominaba el peso de las palabras y las imágenes. Quienes le conocimos recordamos al librero meticuloso, al apasionado del cine y, sobre todo, a esa enciclopedia ambulante de la música que compartía su conocimiento sin reservas. Esa misma sabiduría la trasladó a la radio, produciendo espacios que no negociaban la calidad y que se mantenían apegados a su esencia pura y directa.
El rock caroreño sufre hoy una baja sensible, de esas que modifican el paisaje cultural de una ciudad. Se va el hombre, pero queda el eco de su voz, de su risa, de su sabiduría.
Paz a sus restos.
Ha bajado el telón para William "Twister" Piña a sus 71 años de edad, pilar fundamental y memoria viva del rock en nuestra tierra. Tras una íntegra batalla contra el mal de Parkinson, su guitarra, su batería y su voz se han silenciado en el plano terrenal, dejando una estela de nostalgia insustituible.
Fue testigo y arquitecto del movimiento fundando agrupaciones capitales como Onda Cero y Bazofia. Se convirtió en la médula de una legión que aprendió a pulsar el ritmo y a entender la rebeldía bajo su tutela. La vida de William fue una declaración de principios siendo un tipo fiel a su propio estilo.
Así como dominaba los acordes, dominaba el peso de las palabras y las imágenes. Quienes le conocimos recordamos al librero meticuloso, al apasionado del cine y, sobre todo, a esa enciclopedia ambulante de la música que compartía su conocimiento sin reservas. Esa misma sabiduría la trasladó a la radio, produciendo espacios que no negociaban la calidad y que se mantenían apegados a su esencia pura y directa.
El rock caroreño sufre hoy una baja sensible, de esas que modifican el paisaje cultural de una ciudad. Se va el hombre, pero queda el eco de su voz, de su risa, de su sabiduría.
Paz a sus restos.
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