Rosario Anzola es una de las grandes escritoras larenses con 38 libros publicados, la mayoría de cuentos y poesía dedicados a los niños. Tiene un grueso currículo de aportes públicos pero que nada informa sobre el tamaño del cariño y admiración que disfruta de la sociedad barquisimetana y caroreña, donde figura con letras doradas como promotora cultural y vinculo permanente con las personalidades larenses que han triunfado en las distintas actividades humanas que tienen como foco el altruismo y la solidaridad.
Su hermana de vida María Magda Colmenares dice que es su modelo perfecto de persona comprometida con la amistad y los proyectos que de ella surgen. Rosario es en rol de líder es una fuerza motivadora inagotable –dice-, logra infundir un clima poderoso de mancomunidad afectiva y por ello todo lo que ella coordine tiene un muy alto porcentaje de éxito. Pero si le toca fungir de operaria o colaboradora se convierte en un soldado de férrea voluntad gregaria y su aporte es tan positivo que suma ejércitos invisibles a la causa grupal.
Por ello cuando el equipo promotor del proyecto” Carora. Una Historia de Trabajo y Fe” le solicitó asesoría su primer consejo fue que el vocero nacional de esta iniciativa fuese Luis Jose Oropeza, su amigo de letras y causas filantrópicas. Además de sumarse a este proyecto también asumió papel protagónico en torno a la idea de crear un centro de estudios superiores para Carora y en alianza quijotesca con Cecil Álvarez le están dando forma a una academia de Lutheria que haga de la capital torrense un faro prodigioso en la manufactura de instrumentos musicales de cuerda.
Rosario Anzola tiene un talento que por vía de la poesía se infiltra en diversidad de temas, porque hasta en las profundas densidades de lo infuso, existe una armonía que conecta el conocimiento especializado con el estro literario, el cual ella tiene en grado superlativo. Con esta conexión entre la prosa literaria y el episteme económico que vino Luis Jose Oropeza a mostrar en Barquisimeto, durante una semana, nuestra escritora se convirtió en divulgadora de los libros del intelectual caroreño, privilegiando el enfoque en el titulado Venezuela Una Fabula de Riqueza, dentro del cual destaca su epílogo dedicado al éxito de Carora como sociedad de importantes logros, con base al esfuerzo privado.
Sobre Carora Rosario Anzola escribió un poemario titulado Los Yabos Ardidos y del el tomamos una prosopopeya que motiva el titulo de esta entrevista:
La tarde es un reguero de plumas incendiadas
Los resplandores aguijonean los cerros
¿Por qué inventar pastizales, arboledas, jardines?
Pasa la ventisca
Arriando olvidos polvorientos
La sombra guarnecida en espejismos agrieta en llanto.
Un yabo
Deslumbrado por aguas subterráneas
Cree que todo es posible.
Así, introducidos al mundo detrás del espejo, cuya puerta nos abre Rosario Anzola, para entrar a los escenarios mágicos del espíritu de supervivencia caroreño, la entrevistamos.
1. ¿Puede ser Carora un buen ejemplo del éxito de la economía privada sobre la del sector público, según expone LJO en su libro?
Absolutamente. Luis Oropeza demuestra en su análisis histórico-político, teniendo a Carora como trasfondo ejemplar, de qué manera la economía privada prescinde del sector público, cuando el afán del trabajo honesto y el manejo consciente y cuidadoso de los recursos supera con creces los patrones tradicionales de producción.
2. ¿Cuáles consideras tú las claves de ese éxito caroreño el cual coloca a su ciudad en el mapa venezolano como una referencia destacable?
Desde la época fundacional Carora, y por varios siglos, se mantuvo aislada del resto del país. Había que contar con recuas de mulas que atravesaban por semanas trochas polvorientas, ríos y quebradas. Con el ferrocarril Bolívar, desde su estación de Barquisimeto, el viaje a la capital se redujo en tiempo.
Los caroreños se relacionaban básicamente con las ciudades vecinas, como El Tocuyo, y se centraron por su cuenta en el desarrollo de sus tierras sin ayuda oficial, algo que resultaba prácticamente imposible debido precisamente al aislamiento señalado. De esta manera se acostumbraron a manejar su propia economía, rural pero muy productiva, por su cuenta y riesgo. Fue verdaderamente un ejemplo de cómo las familias principales, la llamada “godarria” de unos cuantos y pocos apellidos, se desentendió de la dependencia gubernamental y a fuerza de tesón y trabajo lograron con éxito el manejo de sus recursos propios.
3. ¿Puede sacarse provecho de esta experiencia en beneficio de los escenarios actuales?
Por supuesto que sí. Sobre todo aprendiendo de los errores y fracasos de la Cuarta República y procurando la erradicación del parasitismo chavo madurista que ha esclerosado la economía como parte de una doctrina de destrucción para permanecer hegemónicamente en el poder, sin importarle las penurias de la población. Los caroreños no se han rendido ante tales retos y se sienten orgullosos de sus logros. Poseen una fuerza de raigambre sociocultural que supera por mucho al resto del país.
4. ¿Qué valor histórico le asignas al libro Fábula de Una Riqueza?
Luis Oropeza presenta la evolución histórica de la economía venezolana desde el mito de El Dorado hasta el mito del petróleo. El libro tiene mucha profundidad y conceptos muy claros, pero lo más relevante es su lenguaje: accesible a todos los lectores. Presencié el encuentro de Luis con los estudiantes de economía de la UCLA, muy atentos a su exposición; me permito opinar que este libro debería ser lectura obligatoria en todas las universidades y en todas las facultades cuyo pensum tenga que ver con el desarrollo social del país.
5. ¿Tiene el caroreño razones para sustentar su orgullo localista?
¡De sobra…! Hace muchos años escribí y publiqué un poemario cuyo nombre es “Los yabos ardidos”. Siempre me llamó la atención cuando transitaba la carretera hacia y desde Carora, por qué en medio de la aridez de ese paisaje, reino de tunas y cardones, un arbusto, el yabo, era capaz de estallar en amarillos gozosos a pesar del sol inclemente, de la sed y las espinas. Es el mismo enigma que encierra la genialidad musical del caroreño. Como muestra de repercusión universal tenemos a los guitarristas Alirio Díaz y Rodrigo Riera, ellos son los mejores ejemplos. No puedo dejar de sorprenderme por el Núcleo Carora de El Sistema, magistralmente dirigido por el maestro Felipe Izcaray, cada integrante sea de los años anteriores o presentes, posee una genialidad musical que me recuerda mis yabos ardidos. Hay una copla popular que suelo entonar cuando canto golpes tocuyanos o curarigüeños: “Es la gente caroreña de cabeza cien por ciento, si la tuvieran pequeña no les cupiera el talento”.

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