La crisis por falta de personal de enfermería en los centros de salud públicos del estado Lara no da tregua. En el Hospital Universitario Pediátrico Agustín Zubillaga (Hupaz) de Barquisimeto, el déficit alcanza las 350 enfermeras, una cifra que la presidenta del Colegio de Enfermería de la entidad, Elda Jiménez, califica como alarmante.
Actualmente, el centro asistencial cuenta con una nómina de apenas 257 profesionales, cuando los estándares de salud exigen una plantilla mucho más robusta para cubrir la demanda. Aunque en abril se incorporaron cinco nuevas enfermeras contratadas por el hospital y existen 15 currículos en espera, una traba burocrática impide su ingreso.
Burocracia que frena contrataciones
Jiménez cuestionó que el Ministerio de Salud no agilice el registro de títulos ante el Servicio Autónomo de Contraloría Sanitaria (SACS), requisito indispensable para ejercer legalmente. “Exhortamos a las autoridades centrales a dar celeridad a este trámite. Contamos con el recurso humano interesado a pesar de los bajos salarios, pero el proceso administrativo los tiene paralizados”, denunció.
Tratamientos con horas de retraso
La escasez de personal tiene consecuencias directas sobre los pacientes. Según explica la dirigente gremial, en áreas críticas como Emergencia, el tratamiento debe ser inmediato, pero la falta de manos genera demoras de hasta tres horas.
“Una o dos enfermeras no se dan abasto. Deben atender según prioridades; si un niño no está en estado de extrema gravedad, tiene que esperar a que el personal se desocupe”, señaló. Esta situación se repite en las salas de hospitalización: si una sola enfermera debe administrar antibióticos a 20 o 30 pacientes a las 9:00 p.m., el último de la fila termina recibiendo su dosis casi a la medianoche.
Estrés, explotación y el rigor de la Lopnna
La sobrecarga de trabajo no solo afecta al paciente, sino que somete al personal a un estado de estrés crónico que deriva en enfermedades, reposos constantes o renuncias. “Una enfermera que atiende a 30 pacientes termina agotada en pocos meses; caemos en la explotación laboral”, fustigó Jiménez.
Asimismo, destacó que la atención pediátrica tiene una presión adicional: la legal y la emocional. “A un adulto se le puede explicar una demora, pero en pediatría la ley (Lopnna) y la angustia de los padres no entienden de esperas. Una madre no comprende que su hijo deba esperar por una nebulización porque la enfermera estaba atendiendo un paro respiratorio de otro paciente. Por eso, el personal en Emergencia debe estar completo”, sentenció. AC
Con información de EL.-

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