
El destino, artilugio amanuense de la historia, ha decidido mudar el tablero. Esta noche, a partir de las 7:07 —con esa puntualidad estricta que no admite demoras—, la cita no será bajo el cielo abierto, sino bajo la imponente estructura del Rogers Centre, donde el eco de los bates suena distinto, dos hijos de Carora se verán las caras en un duelo que trasciende la frontera canadiense.
Ranger Suárez, el zurdo de la parsimonia de hielo ahora con el escudo de los Medias Rojas, aguardará desde la colina con la frialdad de siempre. No es la primera vez que Ranger mide fuerzas con un paisano; en su etapa con los Filis de Filadelfia, le tocó sentenciar la ley del patio frente a Alí Sánchez, en un careo inédito.
Al frente, con el uniforme de los Azulejos, se asoma ahora Yohendrick Piñango. El muchacho de la comarca no perdió tiempo, apenas ayer domingo en su segunda comparecencia, despachó su primer "cohete" a tierra de nadie para bautizar su nombre en el libro de las Mayores.
Para el aficionado del Cardenales de Lara, ver a Piñango con ese uniforme es remover la nostalgia más pura. Es viajar a las décadas de los 80 cuando la sapiencia de Epifanio Guerrero convirtió a la tropa alada en una sucursal de postín de Toronto en el Caribe. Por nuestra memoria desfilan como sombras nombres como Jesse Barfield, Lloyd Moseby, Cecil Fielder o Willie Upshaw. Eran tiempos donde lo más granado de las granjas canadienses venía a doctorarse de pelotero con la ropa del equipo guaro. Y de aquí para allá, el hilo se tejía con los nombres de Leal, Aponte, Manrique y aquel "café" inolvidable de Tobías Hernández.
Hoy, Piñango retoma ese vínculo histórico en casa propia, pero el reto es exigente. No habrá "Monstruo Verde" que lo ampare o lo castigue, en el Rogers Centre la pelota corre distinta sobre la superficie sintética y el viento no juega a favor de nadie.
Será el zurdo de Pie de Cuesta contra el zurdo de "La Osa". El oficio consolidado de Ranger frente al ímpetu de un Piñango que no cree en fantasmas ni en jerarquías.
Así las cosas, a las 7:07, cuando el cronómetro marque el inicio de la hostilidad, Carora debería detenerse. En el plato no habrá amistad, solo la ley del béisbol: uno buscará el dominio, el otro la consagración.
Nos vemos en el camino.
Franklin Piña / @sobre.300
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