
Gustavo Petro aterrizó este viernes en una Caracas que ya no tiene a su interlocutor habitual. El mandatario colombiano llegó al Palacio de Miraflores para reunirse con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, marcando un hito diplomático: es la primera visita de un jefe de Estado a la heredera del poder tras la captura de Nicolás Maduro en enero pasado.
Aunque el avión presidencial tocó pista en Maiquetía a la 1:00 p.m., el plato fuerte se sirve en los salones de Miraflores. La narrativa oficial se apoya en tres pilares:
Seguridad fronteriza: Con el foco puesto en la selva del Catatumbo, santuario de cultivos de coca y zona caliente del conflicto armado.
La "papa caliente" binacional: El control de 2.219 kilómetros de frontera por donde circulan el ELN, narcotraficantes y el contrabando.
Integración técnica: La activación de 11 mesas de trabajo en el marco de la Comisión de Vecindad para aceitar el comercio y la energía.
Detrás de la cordialidad con el canciller Yván Gil y los honores de rigor, subyace la propuesta que Petro lanzó en enero: un diálogo tripartito con Estados Unidos. Tras el ataque militar de Washington y la extracción de Maduro, el colombiano busca erigirse como el puente para estabilizar una Venezuela que camina sobre cristales rotos.
Mientras Rodríguez mantiene su habitual hermetismo sobre los acuerdos de fondo, la foto con Petro le otorga una legitimidad externa que su administración —oficialmente "encargada"— busca consolidar a toda costa. Venezuela ya no es la misma de hace tres meses, y Petro lo sabe.
Nota editada.-
Fuente: EFE
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