
Este viernes, el Palacio de Miraflores pareció recuperar un ritmo diplomático que no se veía desde antes de la captura de Nicolás Maduro. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, despachó una agenda apretada que revela el nuevo equilibrio de fuerzas en Caracas: primero recibió al enviado de la Casa Blanca y, apenas unas horas después, al mandatario colombiano.
La jornada comenzó con John Barrett, encargado de negocios de Estados Unidos. En lo que fue su primer gran careo oficial, Barrett —el rostro de la normalización de relaciones tras el sismo de enero— puso sobre la mesa el plan de tres fases impulsado por la administración de Donald Trump.
“Conversamos sobre la importancia de obtener resultados que beneficien tanto a estadounidenses como a venezolanos”, soltó Barrett en redes sociales.
Sin tiempo para el reposo, Rodríguez pasó de la "fase Trump" al protocolo binacional con Gustavo Petro. El mandatario colombiano aterrizó a la 1:00 p.m. en Maiquetía para tratar de contener el desmadre en los 2.219 kilómetros de frontera compartida, especialmente en el Catatumbo, donde el vacío de poder dejado tras la caída de Maduro amenaza con desbordar la violencia y el narcotráfico.
¿Qué busca Rodríguez con este maratón de reuniones?
Legitimidad rápida: Mostrar que el control del país sigue en sus manos mientras Maduro espera juicio en Nueva York.
El puente Petro: Usar al colombiano como mediador para evitar que la presión de EE. UU. (los ejes de estabilización de Barrett) termine en una ruptura total.
Caja y seguridad: Reactivar el comercio con Colombia mientras negocia con Washington los términos energéticos y económicos de la "nueva etapa".
En un solo viernes, la presidenta encargada pasó de discutir el plan estratégico de Trump a instalar 11 mesas de trabajo con los ministros de Petro, demostrando que Miraflores ahora es el tablero de una transición que se negocia a dos bandas.
Fuente: EL NACIONAL.-
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