
El béisbol nos regaló anoche una jornada de esas que se guardan en la biblioteca de los recuerdos selectos. Las expectativas en nuestra nota previa giraban en torno al enfrentamiento entre Ranger Suárez y Yohendrick Piñango, en la que aguardábamos con atención un enfrentamiento entre conterráneos en el Rogers Centre que prometía ser el epicentro de la jornada. Pero la decepción se presentó con la ausencia del recién estrenado big leaguer en la ofensiva de los Azulejos. Quedó la mesa servida y el comensal ausente; una postergación que el juego, en su inexcrutable diseño, decidió compensar con creces.
El de Pie Cuesta lo que trajo en su equipaje fue un arsenal de facultades con la solemnidad de un académico.
Trabajó durante ocho episodios de un solo imparable, coleccionando diez ponchados que no fueron producto del azar, sino del cálculo milimétrico. Es, para el zurdo, su primer duelo de tal magnitud sumando la decena de abanicados.
En un momento de la noche, las cámaras captaron a Yohendrick Piñango tomando el madero y ajustándose los protectores, amagando con irrumpir en la escena; sin embargo, fue guardado nuevamente ante aquel recital de Ranger, quien retiraba a sus oponentes con la precisión de quien aplica vacunas.
Los datos arrojados hablan con contundencia, pues, lo sitúan en el puesto número 23 en la riquísima historia de los Medias Rojas, entre los lanzadores con 8.0 o más entradas, permitiendo un hit o menos y otorgando apenas un pasaporte o ninguno.
Es el vigésimo noveno juego de esta naturaleza para la organización de Massachusetts en más de un siglo, una lista exclusiva en la que mandan leyendas como Pedro Martínez, Josh Beckett y Howard Ehmke. De manera que lo de Ranger Suárez fue, repetimos, una auténtica conferencia, demostrando que cuando la inteligencia guía al brazo, el arte de lanzar se convierte en una sinfonía de ceros.
Es justo mencionar que contó con el apoyo del madero de Carlos Narváez, quien despachó un jonrón para sellar la pizarra.
Nos vemos en la vía.
Franklin Piña / @sobre.300.-
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