Por: Franklin Piña
El 25 de mayo de 1972, Carora fue escenario de un incidente estudiantil que marcó un antes y un después en el Liceo Egidio Montesinos (LEM). Todo comenzó con la expulsión del joven Wladimir Coronado, estudiante de 4.º año "B", después de una acalorada discusión con el profesor Fausto Pérez en los pasillos de la institución, exactamente los adyacentes a la cantina.
El docente se impuso sobre el estudiante, quien llevó la peor parte. Durante varios días sus compañeros en un acto de solidaridad, realizaron paros en protesta. Exigían que el profesor también enfrentara consecuencias, ya que, según ellos, había ofendido al muchacho y faltado al código de ética.
Relata Jairo Chávez, quien recuerda los hechos desde Londres, "hicimos paros para pedir sanciones contra el profesor Fausto, y hasta tomamos el liceo donde dormimos dos noches". Sin embargo, la lucha dio un giro inesperado cuando el profesor Luciano Coronado –por aquel entonces director de la Escuela Morere–, los mandó a buscar para informarles que su hijo Wladimir ya estaba asistiendo a clases en el colegio Cristo Rey. A pesar de la amistad que los unía, los estudiantes Edgardo Lugo, Jairo Chávez, Rafael Querales y Jaimo Rodríguez comprendieron que esa lucha debía finalizar allí. Así las cosas, el liceo debía ser devuelto a las autoridades y con ello, el retorno de la calma al recinto. El lunes 22 de mayo, el martes 23 y el miércoles 24 transcurrieron con normalidad. No obstante, la tranquilidad se rompió el jueves 25: había llegado el día del juicio y de la expulsión.
Un grupo de alumnos se congregó a las afueras del LEM porque aún la “espinita” que el profesor Pérez hubiera salido “airoso” de aquel episodio, los molestaba. Había que crear un precedente. El director, profesor Simón Villegas, se acercó a la puerta para intentar mediar, pero en el momento en que se retiraba, alguien lanzó una lata con gasolina encendida muy cerca de él. Este incidente fue el detonante para la expulsión inmediata de doce estudiantes.
Entre los expulsados estaban: Justiniano Vásquez (de 5.º año), Ana Mercedes De Angelis (de 2.º año) y, del 4.º año, los estudiantes Edgardo Lugo, Javier Riera, José “Cherry” Adrianza, Leandro Sosa, Gustavo Suárez, Freddy González, Rafael Querales, Francisco “Kito” Rodríguez, Jaimo Rodríguez y el propio Jairo Chávez.
Reacción
política y una larga noche
Después de la dura sanción, dos primas del expulsado Leandro Sosa, siendo ellas Bertha Chaviel y Yolanda Riera; activistas del partido COPEI, lograron ponerse en contacto con el diputado Jesús Morillo Gómez, quien cortésmente invitó al grupo de jóvenes condenados a una reunión al día siguiente.
El viernes 26 de mayo a las 5:00 de la tarde se encontraron con el congresista, quien rápidamente se comunicó con el gobernador Rafael Andrés “Pepi” Montes de Oca. Éste, a su vez, convocó al grupo de chamos para el día siguiente en Barquisimeto.El sábado 27 de mayo, a las 8:00 en punto de la mañana, ya estaban siendo entrevistados por la máxima autoridad de la región, quien se hizo acompañar del director regional de Educación, el profesor Daniel Segura. El acuerdo fue claro: el profesor Segura se encargaría de viajar a Carora para abordar el problema directamente en el LEM.
La reunión tuvo lugar el miércoles 31 de mayo en el LEM, y se extendió desde las 4:00 de la tarde hasta la medianoche. Participaron la directiva del plantel, todos los profesores y Doña Carmen Alicia Riera de Meléndez, la valiente presidenta de la Sociedad de Padres y Representantes.
Cuando Villegas vio a Segura, lo recibió con una frase punzante: "Así que vienes de padrino". Segura, manteniendo la calma, respondió: "No vengo de padrino ni de bodas ni de bautizos, estoy aquí para resolver un problema". Al finalizar la larga jornada, Doña Carmen salió a la puerta del liceo, donde los expulsados, algunos familiares, otros solidarios y los curiosos que siempre aparecen, esperaban con impaciencia. Los invitó a su casa para contarles los detalles de la reunión.
El
resultado: batalla ganada
Después de escuchar la historia de Doña Carmen, los muchachos, centro de todo aquello, llegaron a la conclusión de que se salvaron por dos razones: La primera fue que el profesor Daniel Segura logró revertir la decisión de expulsión, argumentando que el Consejo de Profesores había quebrantado las normas al no invitar a la presidenta de la Sociedad de Padres y Representantes a la reunión. Como resultado, la pena original se transformó en una expulsión de 17 días hábiles sin clases. ¿Qué significaba?: que tendrían que presentar los exámenes del tercer trimestre a finales de junio, justo cuando los demás estudiantes ya estarían de vacaciones, y los exámenes finales se programaron para la primera quincena de agosto.
La segunda razón fue un acto de fe: Rita González, la hermana de Freddy, hizo una promesa a la Virgen de la Chiquinquirá de Aregue para que no perdieran el año escolar. Un domingo por la mañana, un grupo de los sancionados, incluyendo a “Kito” Rodríguez y sus padres (los siempre gentiles Francisco y Cora), Freddy, su madre Nina y hermana Rita; algunos otros representantes y,por supuesto, Jairo Chávez, caminaron hasta la población de Aregue. “Rezamos en la basílica y luego, como recompensa, disfrutamos de un mondongo de chivo”, refiere desde la capital del Reino Unido.
El periodo de expulsión de 17 días abarcó desde el jueves 1 de junio hasta el viernes 23 del mismo mes. “Del lunes 26 de junio al viernes 30 presentamos las pruebas del tercer trimestre y, finalmente, los exámenes finales se llevaron a cabo del martes 25 de julio al viernes 4 de agosto”, recuerda nuestro narrador con una memoria sorprendentemente clara.
Hoy, Chávez, en un gesto de agradecimiento y en nombre de sus compañeros, le da las gracias eternas al entonces diputado Morillo Gómez por haber actuado en favor de los estudiantes, y especialmente a Doña Carmen Alicia Riera de Meléndez, “quien nos defendió con todo su ser esa noche. Nos ofreció usar el caney de su casa como aula de clases durante tres o cuatro semanas. Allí, a la mañana siguiente, nos dijo: ´Si ustedes no estudian y fracasan, le darán el gusto a Villegas. Esto es un desafío. Si estudian, salen bien y salvan el año, demostrarán que él estaba equivocado´. Y así fue. Todos salimos muy bien. Ganamos esa batalla”, nos refiere Jairo Chávez a través de la magia del WhatsApp.
Años después, cada uno siguió un camino profesional, dejando constancia de que aquellos "Doce del patíbulo" no estaban destinados al fracaso.
Adjunto al relato, Chávez envía la lista de los protagonistas de esta crónica urbana que esperamos haya servido para clarificar algunas omisiones en uno de los tan leídos “Pergaminos de Melquiades” de nuestro amigo, el escritor Orlando Álvarez Crespo.
Wladimir Enrique Coronado González (4to B), Profesor.
(Culminó en el Cristo Rey).
Justiniano Vásquez Herrera (5to A), Sociólogo.
Ana Mercedes De Angelis Bracho (2do A), Empresaria en
turismo.
Edgardo Enrique Lugo Infante (4to A), Profesor.
Javier José Riera Meléndez (4to A), Lic Administración
Comercial. (Culminó en el Cristo Rey).
José Ramón Adrianza Castillo
(4to B), Abogado.
Leandro Enrique Sosa (4to B), Ingeniero civil.
Gustavo Ramón Suárez Bermúdez (4to B), Veterinario.
Jairo Enrique Chávez Carrasco (4to C), Licenciado en
informática.
Freddy Hernán González Páez (4to C), Profesor.
Rafael José Querales Álvarez (4to C), Profesor.
Francisco Antonio Rodríguez Dorantes (4to C),
Profesor.
Jaimo José Rodríguez (4to C), Abogado.

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