Por: Franklin Piña.-
La fecha del 1 de septiembre trae a la memoria de los caroreños la fundación de El Diario de Carora en 1919 por José Herrera Oropeza. Se consolidó en una época de grandes desafíos marcada por la dictadura de Juan Vicente Gómez y se erigió como una auténtica tribuna cultural.
Desde sus inicios, el periódico se negó a participar en la diatriba banal y sin interés colectivo gracias a la filosofía de Herrera Oropeza, y se enfocó en ser una plataforma para el bien del pueblo. Su fundador manejaba un lenguaje austero pero poderoso, promoviendo los valores cívicos y culturales. Y ese enfoque le permitió evadir la censura y la represión de la tiranía de aquel tiempo, logrando lo que pocos se atrevían a hacer.
El Diario de Carora se convirtió así, en un refugio para la élite intelectual de la región, conocida como "lo más granado de la intelectualidad local". Figuras como Agustín Oropeza, Chío Zubillaga, Francisco Manuel Mármol y Dionisio Oviedo G. publicaron sus trabajos en las páginas del periódico local.
Pero la trayectoria periodística de José Herrera Oropeza ya había despegado mucho antes, pues, en el libro, Génesis y evolución del periodismo en el estado Lara (Fulgencio Orellana, 1983), nos encontramos con que en 1907 funda el semanario Ensayos y, en 1912 el semanario Labor, redactado conjuntamente con el poeta Alcides Lozada. Tuvo además vida activa en favor de quienes lo necesitaron, más allá de su vocación periodística, siendo el primer maestro de la Escuela San Dionisio, establecida por el padre Carlos Zubillaga a quien impresionó por su capacidad de servicio al decir del propio sacerdote, cuando en carta pública revela que, al ser llamado para cancelarle monetariamente sus honorarios, Herrera Oropeza se negó a recibir su pago alegando que fuera destinado a otros gastos en favor de los enfermos, que por aquellos días sufrían los males de la gripe española, enfilándose como enfermero ad honorem y emprender su resuelta cooperación con el mismo padre Zubillaga en la construcción del edificio del Hospital "San Antonio".
Es bueno recordar –especialmente hoy, a 106 años de la aparición del primer número de desaparecido Diario de Carora–, que en su honor en el entonces distrito Iribarren y por disposición del Dr. Antonio Pineda Castillo, en 1955 se crea la distinción más importante para galardonar el trabajo periodístico de quienes con dignidad y honor lo ejercían. Fue este galardón el de mayor relevancia nacional y casi todas las entidades distritales lo instauraron, tomando mayor valor cuando la municipalidad de Caracas lo institucionalizó, siendo el primero en recibirlo el cronista Hernán Garmendia. De acuerdo al orden que minuciosamente administraba Don Fulgencio (Orellana), le siguieron Francisco Nieves, Alejandro Rojas, José “Cheché” Cordero, José Santos Colmenárez, Amilcar “Kiko” Gómez, Mariano Kososky, Elides Rojas, Jesús Morles Meléndez, Manuel Felipe López, Rodrigo Orellana, Esteban Rivas, Adolfo Barráez, Roberto Riera, Luis Rodríguez Moreno, Iván Torres, Fulgencio Orellana, Pedro Lozada, Eleazar Arce, José Vicente Pérez, Rafael Palacios López, Hugo Boscán, Pacífico Sánchez, Salvador Macías y Nancy Jiménez. El único que lo recibió dos veces fue Mariano Kososky y el único equipo periodístico que lo recibió fue el noticiero Notidial, que transmitió Radio Barquisimeto.
Para muchos de estos intelectuales, el periódico de la Casa del Naranjo fue un cálido hogar de finas letras, un espacio seguro donde podían expresar su talento en un momento en que la libertad de expresión y la dignidad civil sufrían un doloroso eclipse.
Tuvo varias etapas: la de Don Antonio Herrera fue prolongada e igualmente digna y productiva. Luego llegó la de su hijo Jesús Antonio y posteriormente la de su hermano Pedro Claver hasta llegar a la época de Cécil Álvarez Yépez con la temible pluma (especie de mole) de Juan Perera como adjunto.
Ninguno de estos períodos fue fácil, pero El Diario logró abrir rutas de inquietud para los jóvenes y escritores consolidados, preservando la valentía y la visión de su fundador, José Herrera Oropeza.

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