Franklin Piña.-
Hay peloteros que les basta un tiempo determinado para estampar hondos recuerdos en el corazón de una afición, ya sea por su personalidad, por su carisma o por su trabajo. Uno de éstos es Luis Tiant, quien falleció a los 83 años en octubre pasado, un pitcher único con su windup girante capaz de enseñar el número 23 de su espalda (luego usó el 33) y que, si tuvo alguna comparación, será con el barquisimetano Luis Leal, que a decir de nuestro amigo José Adán, adoptó un movimiento similar por sugerencias propias de mismísimo astro cubano.
Dicen las crónicas que durante el apogeo de su carrera en la década de los 70, no se necesitaba un radio o televisor para saber que el cubano estaba lanzando en el Fenway Park de Boston. Ese estilo al momento de lanzar la bola y que sembró en las Grandes Ligas, ya lo había estampado en Venezuela, y particularmente en Carora, lugar de residencia del laureado mostachudo habanero en sus días con la ropa de los Cardenales de Carora, novena imbatible en la Liga Occidental gracias a la chequera de Don Antonio Herrera Gutiérrez. “Armaba unos trabucos increíbles como para no darle chance a nadie, porque el sueño de Don Toñón era que Cardenales formara parte del beisbol profesional (LVBP)”, expone Don Gerardo Meléndez, quien a sus 94 años tiene mucho que ofrecer desde su memoria.
Para la temporada 1963-64, Cardenales tuvo en sus filas nombres verdaderamente de postín. Pastora, Rapiños y Cabimas fueron sus rivales, los cuales se vieron obligados a reforzarse muy bien, porque las intenciones de Don Toñón no eran muy buenas para con ellos. “Rodolfo Fernández fue el mánager. Imagínate, ya por ahí la cosa pintaba bien”, recuerda Don Gera. Y luego suelta el resto de los nombres que vistieron de rojo aquel año: “Se trajo de cuba a Aurelio Monteagudo y a Luis Tiant; los norteamericanos Ken Sanders y Steve Bailey, al tiempo que también sumaba a su roster al receptor Richard Booker, al outfielder Freddie Kasser y a los infielders Héctor Cárdenas y Jacinto Hernández”.
Domingo Barboza era el encargado de fichar a los peloteros del patio, y así llamó a Jesús Hernández Torres, Natividad Veliz, Humberto “Cajita” Hernández y Cristo Silva; el receptor Germán Bracho, los infielders Daniel Díaz, Jesús Mora y Celestino Cepeda, y los jardineros Darío Rubinstein, Jorge Aquiles Gómez, Daniel Morejón y Luis “Chabeto” Urdaneta.
Pero es que el resto de los equipos también contaron con nombres de respeto. Pastora, por ejemplo, se hizo de los servicios de un chamo nudillista llamado Phil Niekro y de tres jugadores de gran cartel como el boricua Félix Millán, el cubano José Martínez y el estadounidense Bob Taylor. Todos bajo la dirección del estratega norteamericano Jimmy Brown.
Cabimas, dirigido por Dalmiro Finol, contrató al célebre outfielder y lanzador Ed Thomas, al veloz serpentinero Larry Williams y al catcher cubano Enrique Izquierdo. Contaba, además, con el jardinero zuliano Ángel Bravo. Rapiños, de la mano del piloto Antonio Briñez, ensambló el equipo con base a su estelar Luis Aparicio. Trajo al inicialista boricua José Pizarro, al pitcher cubano Armando Becker, a los lanzadores estadounidenses Ken Knight, Jerry Fosnow y Joe Bonikowski, y a los fornidos jardineros Luke Vassier y Joe McCabe.
Luis Tiant tenía 23 años y fue la gran figura del torneo con estrepitosa estadística: ganó 6 y no perdió; lideró los departamentos de innings lanzados (54.0), abanicados (81) y efectividad (0.67). En postemporada obtuvo otro triunfo.
Como era de suponer, Cardenales de Carora se convirtió en un club casi invencible. Ganó 14 de los primeros 17 partidos de la temporada, sacando 6 juegos y medio de ventaja a su más cercano rival, el Pastora. Aquella avasallante actuación que se venía repitiendo torneo tras torneo, convirtió al campeonato algo aburrido que alejó a la gente de los estadios porque ya se sabía que Cardenales ganaría cada cotejo.
El profesor Iván Ávila nos contó una vez sus recuerdos sobre la figura de Luis Tiant, quien se hospedó en el Hotel Comercio, el mismo lugar que había alojado a Pedro Infante, y además asegura que “fue el primer caballero que vi en mi vida en bermudas caminando por las calles de Carora”.
No caben dudas de que, así como hay recuerdos que sólo dejan pesares, también los hay los que dejan entre la gente una gran marca que se consolida en el tiempo.
Nos vemos por ahí.
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